Thomas Blood y las Joyas de la Corona (1671) – El ladrón que encantó al rey
Disfrazado de clérigo, Blood visitó varias veces la Torre de Londres fingiendo interés por las joyas de la Corona.
El 9 de mayo convenció al guardia de mostrárselas, lo golpeó con un mazo y aplanó la corona con un martillo para esconderla bajo su capa.
Fue capturado antes de salir… pero el rey Carlos II, intrigado por su audacia, no solo lo perdonó: le otorgó tierras y una pensión. Nadie entendió nunca por qué.
El Diamante Hope (1792) – El robo perfecto del caos
Llamado originalmente Bleu de France, formaba parte del tesoro de Luis XIV con 112 quilates y un poco común color azul intenso.
Durante la Revolución Francesa, cuando el pueblo saqueó el depósito de joyas de la Corona (Garde-Meuble), los guardias huyeron y el diamante desapareció entre la confusión.
Se cree que fue sacado del país por contrabandistas que lo cortaron para borrar su identidad. Reapareció décadas después, recortado a 45 quilates en Londres con un nuevo dueño inglés: Henry Philip Hope, que le dejó el nombre con el que se lo conoce hasta hoy.
Sus sucesivos propietarios tuvieron destinos trágicos: ruina, tragedias o muertes prematuras que forjaron la leyenda de una maldición que perseguía a sus dueños.
Las Joyas de Elizabeth Taylor (1957 y 1976)
Elizabeth Taylor vivió el robo de sus joyas legendarias más de una vez. En 1957, mientras filmaba en Roma, un ladrón escaló la fachada del Hotel Excelsior, forzó una ventana y se llevó el cofre con sus conjuntos de esmeraldas Bulgari. La prensa italiana llamó al hecho il colpo dell’amore —el golpe del amor—, y el misterio nunca se resolvió.
Años después, en 1976 en el aeropuerto de Niza, se extravió un equipaje que contenía piezas icónicas como el diamante Krupp y la perla La Peregrina, valuadas en más de un millón de dólares. Reaparecieron días después y nunca se probó si fue robo o error logístico.
El robo de la duquesa de Windsor (1960, Riviera Francesa)
Mientras los duques estaban de viaje, ladrones entraron a su villa forzando una ventana del dormitorio y fueron directamente al cofre donde Wallis guardaba sus joyas de viaje. La policía concluyó que alguien del servicio o cercano al entorno debía haber dado información, porque sabían qué buscar.
El botín incluía 27 piezas de Cartier y Van Cleef & Arpels, entre ellas el broche flamenco y un brazalete con cruces de gemas que marcan fechas de significado emocional para la pareja.
Pink Panther (1994 a 2013)
No se trata de un robo, una joya ni un lugar, sino de un diamante ficticio: el Pink Panther de la película de 1963, en la que un ladrón esconde un diamante robado en un frasco de crema facial.
Cuarenta años después, en 2003, la joyería Graff de Londres fue escenario de un golpe que pareció inspirado en esa misma escena. Dos hombres, impecablemente vestidos y con prótesis faciales, se hicieron pasar por clientes.
Obligaron al personal a entregar joyas por más de veinte millones de libras, escogidas por la perfección de sus gemas con precisión de expertos, y desaparecieron sin dejar rastro.
Durante la investigación, la policía británica encontró uno de los diamantes del botín escondido en un frasco de crema facial. Por la coincidencia con la película, se apodó Pink Panthers a la red criminal detrás del hecho, nombre que Interpol adoptó para la base de datos en la que venía reuniendo robos con las mismas características:
Operaciones rápidas, precisas y sin violencia, con disfraces elaborados y preferencia por joyerías de lujo en Europa, Asia y Oriente Medio.
En 2008, la joyería Harry Winston de París sufrió uno de los golpes más espectaculares del grupo. Cuatro hombres disfrazados y maquillados como mujeres entraron justo antes del cierre, llamaron a los empleados por su nombre y se llevaron más de cien millones de euros en diamantes y relojes. Ningún disparo, ninguna huella.
Las detenciones que siguieron permitieron atribuir retroactivamente otro caso legendario: el robo del Hotel Carlton de Cannes en 1994, ejecutado con la misma elegancia y precisión. Aun así, el golpe sigue siendo en gran parte no resuelto. Interpol estima que los Pink Panthers han robado más de quinientos millones de dólares en joyas desde los años noventa.
Los robos disminuyeron después de 2013, no por una captura total, sino porque la red se fragmentó y muchos de sus miembros envejecieron o se retiraron.
El Museo Green Vault, Dresde (2019) – La precisión alemana del crimen
En una madrugada perfectamente calculada, dos hombres cortaron la reja, inutilizaron una lámpara de calle para oscurecer el perímetro e irrumpieron en la cámara de joyas de los reyes de Sajonia a las 4:59 am.
Romper el cristal blindado tomó menos de un minuto; se llevaron un conjunto de joyas reales del siglo XVIII de valor incalculable.
Huyeron antes de que llegara la policía, dejando solo un auto incendiado.
El robo conmocionó Alemania por su precisión y por la pérdida patrimonial irremplazable.


