Antes del Louvre

Más que tesoros, fueron tentaciones. Algunas joyas pasaron a la historia por ser robadas, y aquí te contamos cómo.
Thomas Blood y las Joyas de la Corona (1671) – El ladrón que encantó al rey
Thomas Blood intentando robar las joyas de la Corona en la Torre de Londres, 1671. Grabado de época que representa el momento de robo.

Disfrazado de clérigo, Blood visitó varias veces la Torre de Londres fingiendo interés por las joyas de la Corona.

El 9 de mayo convenció al guardia de mostrárselas, lo golpeó con un mazo y aplanó la corona con un martillo para esconderla bajo su capa.


Fue capturado antes de salir… pero el rey Carlos II, intrigado por su audacia, no solo lo perdonó: le otorgó tierras y una pensión. Nadie entendió nunca por qué.

Corona de San Eduardo, Esfera Soberana y Cetro con la Cruz. Oro macizo con más de cuatrocientas gemas: diamantes, rubíes, zafiros, esmeraldas, perlas y amatistas, coronadas por el diamante Cullinan I de 530 quilates. Composición basada en fotografías históricas de las joyas de la Corona británica.
El Diamante Hope (1792) – El robo perfecto del caos

Llamado originalmente Bleu de France, formaba parte del tesoro de Luis XIV con 112  quilates y un poco común color azul intenso.

Durante la Revolución Francesa, cuando el pueblo saqueó el depósito de joyas de la Corona (Garde-Meuble), los guardias huyeron y el diamante desapareció entre la confusión.

 

Hope Diamond en su montura actual, un colgante de platino diseñado hacia 1910 por Pierre Cartier. Fotografía © Smithsonian Institution / National Museum of Natural History.
Hope Diamond . Referencia de tamaño. Fotografía © Smithsonian Institution / National Museum of Natural History.

Se cree que fue sacado del país por contrabandistas que lo cortaron para borrar su identidad. Reapareció décadas después, recortado  a 45 quilates en Londres con un nuevo dueño inglés: Henry Philip Hope, que le dejó el nombre con el que se lo conoce hasta hoy.

Sus sucesivos propietarios tuvieron destinos trágicos: ruina, tragedias o muertes prematuras que forjaron la leyenda de una maldición que perseguía a sus dueños.

Las Joyas de Elizabeth Taylor (1957 y 1976)

Elizabeth Taylor vivió el robo de sus joyas legendarias más de una vez. En 1957, mientras filmaba en Roma, un ladrón escaló la fachada del Hotel Excelsior, forzó una ventana y se llevó el cofre con sus  conjuntos de esmeraldas Bulgari. La prensa italiana llamó al hecho il colpo dell’amore —el golpe del amor—, y el misterio nunca se resolvió.

Anillo con diamante Krupp, Harry Winston, 1968. Diamante Asscher de 33,19 quilates, D color Flawless, montado en platino para Elizabeth Taylor. Fotografía: Christie’s Images / AP – uso editorial.

Años después, en 1976 en el aeropuerto de Niza, se extravió un equipaje que contenía piezas icónicas como el diamante Krupp y la perla La Peregrina, valuadas en más de un millón de dólares. Reaparecieron días después y nunca se probó si fue robo o error logístico.

Collar “La Peregrina”, Cartier, ca. 1970. Perla barroca histórica del siglo XVI montada con rubíes, diamantes y perlas naturales en oro y platino para Elizabeth Taylor. Fotografía: The Jewellery Editor / Cartier – uso editorial.
El robo de la duquesa de Windsor (1960, Riviera Francesa)

Mientras los duques estaban de viaje, ladrones entraron a su villa forzando una ventana del dormitorio y fueron directamente al cofre donde Wallis guardaba sus joyas de viaje. La policía concluyó que alguien del servicio o cercano al entorno debía haber dado información, porque sabían qué buscar.

El botín incluía 27 piezas de Cartier y Van Cleef & Arpels, entre ellas el broche flamenco y un brazalete con cruces de gemas que marcan fechas de significado emocional para la pareja.

Pulsera de cruces de Wallis Simpson, Duquesa de Windsor. Cartier, 1934–1944. Oro amarillo y platino con eslabones redondos intercalados con diamantes. Nueve cruces colgantes con combinaciones de zafiros, esmeraldas, rubíes, citrinos, amatistas, aguamarinas, turquesas y diamantes en tallas brillante, baguette y cabujón. Ilustración basada en fotografías históricas.
Broche de flamenco de Wallis Simpson, Duquesa de Windsor. Cartier, 1940. Oro y platino con cuerpo pavé de diamantes, pico de zafiro, ojo de esmeralda y plumas formadas por rubíes, zafiros y esmeraldas calibradas. Ilustración basada en fotografías históricas.
Pink Panther (1994 a 2013)

No se trata de un robo, una joya ni un lugar, sino de un diamante ficticio: el Pink Panther de la película de 1963, en la que un ladrón esconde un diamante robado en un frasco de crema facial.

Cuarenta años después, en 2003, la joyería Graff de Londres fue escenario de un golpe que pareció inspirado en esa misma escena. Dos hombres, impecablemente vestidos y con prótesis faciales, se hicieron pasar por clientes.

Obligaron al personal a entregar joyas  por más de veinte millones de libras, escogidas por la perfección de sus gemas con precisión de expertos,   y desaparecieron sin dejar rastro.

Durante la investigación, la policía británica encontró uno de los diamantes del botín escondido en un frasco de crema facial. Por la coincidencia con la película, se apodó Pink Panthers a la red criminal detrás del hecho, nombre que Interpol adoptó para la base de datos en la que venía reuniendo robos con las mismas características: 

Reproducción inspirada en el collar floral de diamantes amarillos de Graff, sustraído en el robo de 2003 en Londres. Fotografías de las joyas originales nunca fueron publicadas.

Operaciones rápidas, precisas y sin violencia, con disfraces elaborados y preferencia por joyerías de lujo en Europa, Asia y Oriente Medio.

En 2008, la joyería Harry Winston de París sufrió uno de los golpes más espectaculares del grupo. Cuatro hombres disfrazados y maquillados como mujeres entraron justo antes del cierre, llamaron a los empleados por su nombre y se llevaron más de cien millones de euros en diamantes y relojes. Ningún disparo, ninguna huella.

Las detenciones que siguieron permitieron atribuir retroactivamente otro caso legendario: el robo del Hotel Carlton de Cannes en 1994, ejecutado con la misma elegancia y precisión. Aun así, el golpe sigue siendo en gran parte no resuelto. Interpol estima que los Pink Panthers han robado más de quinientos millones de dólares en joyas desde los años noventa.

Los robos disminuyeron después de 2013, no por una captura total, sino porque la red se fragmentó y muchos de sus miembros envejecieron o se retiraron.

El Museo Green Vault, Dresde (2019) – La precisión alemana del crimen

En una madrugada perfectamente calculada, dos hombres cortaron la reja, inutilizaron una lámpara de calle para oscurecer el perímetro e irrumpieron en la cámara de joyas de los reyes de Sajonia a las 4:59 am.

Romper el cristal blindado tomó menos de un minuto; se llevaron un conjunto de joyas reales del siglo XVIII de valor incalculable.


Huyeron antes de que llegara la policía, dejando solo un auto incendiado.


El robo conmocionó Alemania por su precisión y por la pérdida patrimonial irremplazable.

Adorno de sombrero del Conjunto de Diamantes Blancos de Augusto III (ca. 1782). Oro y plata con más de 770 diamantes, incluido uno central de 16 ct. Ilustración basada en fotografías históricas del Grünes Gewölbe.
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