Después de seis años juntos, marcados por luchas con su familia, altibajos y hasta una discusión que terminó con los anillos de compromiso en la basura, decidí que era hora de tomar la iniciativa.
Aunque dudaba de su respuesta, lo invité a un restaurante frente al mar, con una puesta de sol de fondo. Le hablé desde el corazón, le dije que quería que todo mejorara y que, si realmente me amaba, aceptara casarse conmigo.
Él se quedó en silencio un momento… y luego dijo: “¡Sí, amor!”.
Me llené de alegría, no solo por su respuesta, sino porque esta vez fui yo quien dio el paso. Desde entonces, comenzamos a planificar nuestro matrimonio.
SHARLOT CAROLINE LUMAN CARRERA

