Con el tiempo, es normal que los diamantes puedan perder algo de brillo por la acumulación de residuos y polvo. Recuperar su luminosidad es sencillo si se hace con cuidado.
1. Limpieza básica
Disuelve unas gotas de detergente líquido suave en agua tibia. Deja tu anillo en remojo durante unos 20 a 30 minutos si su diseñoes abierto, es decir, con grifas que permiten que el agua circule libremente alrededor del diamante.
En cambio, en los diseños cerrados —con engastes tipo pavé, canal, bisel o invisible— es mejor evitar los remojos prolongados, ya que el jabón o la humedad pueden acumularse bajo las piedras y aflojar los engastes con el tiempo.
2. Brillo extra (solo para oro sin rodio)
Puedes devolver el brillo al diamante sumergiéndolo unos segundos en limpiador de vidrios. No lo dejes más de un minuto y no uses este método en joyas con baño de rodio, ya que los químicos pueden dañarlo. Después, limpia la pieza nuevamente con agua tibia y jabón para eliminar cualquier residuo.
Si quedan restos entre las uñas o debajo de la piedra, puedes ayudarte con un palillo de dientes o unas pinzas finas. Hazlo con calma, sin presionar el metal ni los engastes.
Recuerda: los diamantes no se rayan entre sí, pero el oro, la plata y el platino sí.
3. Limpieza profesional
Es la más recomendada. Recuerda que una mantención anual está incluida gratis de por vida con la compra de nuestras joyas.
Los limpiadores ultrasónicos o iónicos pueden usarse con diamantes, pero si tu joya tiene otras gemas, consulta antes: algunas piedras no resisten las vibraciones ni las corrientes eléctricas.
4. Al guardar tus joyas
Mantén tus piezas de diamante en estuches separados o con compartimentos individuales. Los diamantes pueden rayar fácilmente otros metales y piedras, e incluso entre ellos.
La limpieza de un diamante no solo realza su brillo: también protege la estructura de la joya y prolonga su vida. Con unos pocos cuidados y algo de atención, ese destello que te enamoró seguirá acompañándote por años.


